lunes, 9 de mayo de 2016

La importancia del antiséptico

Un comentario recibido por las redes sociales sobre una foto publicada en el artículo anterior, me ha llevado a escribir estás líneas para dar a conocer los antisépticos que suelo utilizar, donde además los describiré brevemente. Y es que... me llena de orgullo y satisfacción (me ha sonado a discurso Real a pesar de que soy Republicano, jeje) que haya gente como Jesús Díaz Campomanes (un gran carpista y también Republicano hasta la médula), que se fije en la manchita que deja en la boca su uso y lo alabe como lo más importante de la foto, detalle que por su parte que me ha conmovido y animado a seguir utilizándolo, aunque para su adquisición tuviera que prescindir de otras cosas importantes.


Este producto es perfecto para el tratamiento de todos los peces de agua dulce, debe de suministrarse tanto en la herida causada por el anzuelo, como cualquier tipo de llaga o escamas levantadas. La combinación de ingredientes de gran actividad antibacteriana que posee esta fórmula, penetra en las zonas afectadas rápidamente, trabajando de inmediato para reducir la infección y ayudar en el proceso de curación natural de los peces. Se recomienda siempre su uso en todas las heridas por pequeña que sea, como medida de precaución para asegurar que los peces estarán en las mejores condiciones posibles en el futuro.

Retorno a lo conocido

Más de dos años sin pescar estas aguas es mucho tiempo. Durante las casi dos horas de camino que separa la puerta de mi casa hasta el puesto elegido para esta jornada, no paro de pensar como voy a encontrarme ese tramo de orilla que de un tiempo para acá, casi a diario, soporta tanta presión de pesca por estas fechas. Tanto es así, que aun siendo una gran masa de agua con tan inmensa población de carpas, se empiezan a catalogar peces que han sido capturados por varios pescadores en diferentes temporadas. 

Un jueves, donde la hora de llegada prevista era en torno a las cuatro y media de la tarde, tenía mis dudas al pensar que no podríamos localizar los peces por falta de tiempo, tal como solíamos hacer en otras ocasiones, cuando quedábamos Uge y yo a pie de agua al amanecer. Pero en esta ocasión nos acompañaba Jorge, que después de trabajar toda la noche anterior, no tubo más remedio que descansar unas horas antes de lanzarse a la carretera y eso nos obligó a cambiar los hábitos respecto a quedadas anteriores.


El pesquil al que nos dirigíamos estaba ocupado por otros compañeros de afición, así que los planes no empezaron cómo debían, pero la zona en sí estaba espectacular, los peces se movían por todo el algar que se encontraba desde aguas someras hasta más o menos los tres metros de profundidad, por lo que decidimos no desplazarnos mucho y conseguimos colocar las cañas en algunos huecos que asomaban entre la abundante vegetación, que poblaba gran parte de la orilla. Bueno, a decir verdad sólo Uge y Jorge se posicionaron entre la maleza donde más movimientos de carpas se veían, pero a mí, me dio esa intuición que a veces noto, la cual me obligó a actuar de forma diferente a lo que estábamos planificando (no se si os pasa) y me desplacé de ellos unos 150 metros, separados por una inserción de agua, justo a un puesto que sólo me permitía pescar delante de la impenetrable barrera de plantas subacuáticas, pero que en su diagonal y resto de orilla se encontraba despejado, donde nada me entorpecía para trabajar un pez sin la necesidad de meterme en el agua, de no ser que la captura se adentrara en el algar y no tuviera mas remedio para lograr hacerme con ella. Así que decidí marcar un punto con una boya señalizadora y tras hacer un cebado copioso, adentrándome con el vadeador pude colocar mis cañas con la precisión que requería.